Hernández Navarro, Esculturas de la Pasión. - Salón de Exposiciones D. Roque Molera

del 5 de febrero al 6 de marzo de 2011

Hernández Navarro, Esculturas de la Pasión.

angustiasLa Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno conmemora el XX Aniversario de la primera salida procesional de Nuestra Señora de las Angustias haciendo un homenaje a su creador con la puesta en marcha de la Exposición monográfica “Esculturas de Pasión” donde se podrá contemplar una veintena de obras de uno de los escultores murcianos más relevantes de las últimas décadas, José A. Hernández Navarro.

También se da la circunstancia de que este año en Jumilla celebramos el 600 Aniversario de las predicaciones de San Vicente Ferrer, origen de nuestra Semana Santa, y a cuya celebración se suma la Cofradía de Jesús Nazareno, con actos como “Esculturas de Pasión”.

Aprovechando la ocasión, queremos presentar el Museo Jesús Nazareno a toda la comunidad nazarena, agradeciendo especialmente a las Cofradías que desinteresadamente, nos han prestado su patrimonio imaginero para que esta muestra se haya convertido en un punto de encuentro de todos los que admiramos la obra de Hernández Navarro que está llamado a abrirse un hueco en la historia de los más grandes imagineros españoles.

El visitante podrá deleitarse con la belleza y calidad de las imágenes que aparecen en la exposición. Venidas de ciudades como Alquerías, Cieza, Totana, Murcia, Javalí Nuevo, Alcantarilla, Elda y Alicante, y bajo advocaciones tan dispares que van desde los lamentos en Getsemaní o la Flagelación y posterior Coronación de Espinas hasta la apertura de las Puertas de los Infiernos, la obra de Hernández transmite dolor a la vez que esperanza con el triunfo de la vida sobre la muerte. La licenciada en Historia del Arte, Dña. Isidora Navarro nos aproximará a la figura de este insigne escultor haciendo un breve recorrido tanto de su trayectoria artística como de las imágenes seleccionadas para esta exposición.

El escultor por Isidora Navarro.

nacimiento018La extensa obra de Hernández Navarro, nacido en los Ramos en 1954, con una trayectoria iniciada como belenista en 1969 de la mano de Serrano Moñino y más tarde junto a los hermanos Griñán, viene a consagrar al artista murciano como el gran renovador de la escultura imaginera del sureste español a fines del siglo XX.

Esta exposición, cumplida una intensa primera década de trabajo en el siglo XXI, es una buena ocasión para comprobar el volumen y calidad de su obra, iniciada para la imaginería religiosa en 1970 con la Virgen de las Huertas. Ya en aquel entonces, como prueban sus belenes, de los que aquí tenemos un ejemplo, Hernández Navarro huía de la imitación fácil de los thernandezrillados modelos salzillescos, pero es en 1982, con la Coronación de Espinas para Murcia cuando comienza su alejamiento del maestro dieciochesco. Si bien el perfeccionamiento técnico iniciado en la escuela de Artes y Oficios de Murcia y proseguido con Moreno Galiana, se vino a completar con un seguidor fiel de Salzillo como Sánchez Lozano, la búsqueda de un estilo propio encontró el ejemplo de González Moreno y de la escultura del Primer Renacimiento italiano, en especial de Donatello. Desde las primeras obras, más carnosas, de rostros deudores de los epígonos de la escuela salzillesca, Hernández Navarro fue evolucionando hacia un idealismo naturalista, de gran elegancia, donde los pasos están compuestos con una claridad, un orden y una serenidad que lo alejan definitivamente del estilo de sus mayores y permitirá en poco tiempo que la labor de un autor de altísimo nivel, poco comprendido con Murcia hasta fechas recientes como fue González Moreno, no cayera en el más absoluto olvido.

 

 

Cristo de la Caida_AlicantePero Hernández Navarro es más que un digno sucesor del maestro de Aljucer. Ha conseguido dejar impreso un ideal cristífero que aquí podemos admirar en obras como La Caída de Totana, Jesús orando en Getsemani o la Flagelación, ambos de Murcia; un modelo que poco a poco ha ido perdiendo el naturalismo inicial, pasando por una larga etapa clasicista con frecuentes innovaciones tipológicas (véase Las Angustias de Jumilla) para finalmente ingresar por vía de la desmaterialización y la espiritualidadde sus esbeltas figuras, en un manierismo final recogido, silencioso, místico, como queda reflejado en el Cristo de la Lanzada de Cíeza.

Cristo de la Esperanza_AlcantarillaEn estos Cristos contenidos ante el dolor, serenos frente a la Pasión, las facciones y las escuetas anatomías han quedado suavizadas a pesar del sufrimiento, entonadas en carnaciones mates directamente sobre la madera desnuda. Son crucificados “que parecen dormir” más que ingresar en la muerte, según palabras del propio autor;

son Cristos sometidos a tormentos espantosos que Hernández Navarro ha procurado presentar más cruentos si cabe al variar las tipologías, como podemos ver en La Coronación de Espinas, desechando la clásica columna por ásperos maderos, o en el Cristo de la Esperanza, portando el recio “patíbulum”, Cristos que conservan sin embargo su Santa cena_Eldaentereza, y cuyas formas equilibradas contrastan con los objetos del tormento, o bien Cristos triunfantes de esmerada anatomía que conservan un naturalismo sereno incluso en los momentos posteriores a la Resurrección, de forma que el idealismo latente en toda la obra del murciano no destruya la necesaria verosimilitud de un paso de Semana santa, dos buenos ejemplos de este equilibrio formal son el Cristo abriendo las puertas del infierno, para Cieza y el Jesús Resucitado para Murcia.

 
 
 

Las imágenes

Cristo del perdon_Alquerias_2

– Descendimiento, Murcia.

    – Virgen de las Angustias, Jumilla.
    – Nacimiento, Jumilla.
    – Cristo de la Misericordia, Cieza.
    – La Caída, Totana.
    – Jesús Nazareno, Jabalí Nuevo.
    – EcceHomo, Bullas.
    – Coronación de Espinas, Totana.
    – Verónica, Murcia.
    – La Caída, Alicante.
    – Getsemaní, Murcia
    – La flagelación, Murcia.

infiernosAmarrado

    – Cristo de la Esperanza, Alcantarilla.
    – Cristo del Perdón, Alquerías.
    – Cristo de las Ánimas, Cieza.
    – Santa Cena, Elda.